Se le nota el dolor en los ojos. Aunque sonría intentándolo ocultar, aunque gesticule de esa forma tan amable que aprendió de no sé muy bien dónde, cualquiera puede oler que se muere por dentro, que se está muriendo. Morir. Morir de forma no poética, morir de la manera más sólida que existe. Y dice que por la noche le agarra un algo al pecho y no la suelta, y dice que siente que la columna le va a reventar en mil pedazos y un par más. Salvar. Salvar con todas las letras. Salvar a alguien. Salvarse a uno mismo. Salvarse de la muerte, quedarse en la vida para utilizarla, para vivir, para vivirla. Ojalá salvar, salvarse, exista más allá de una página del diccionario viejo que hay en mi estantería, ojalá funcionen esas tétricas pastillitas que dicen salvar a muchas personas. Ojalá una mañana el sol se despierte sin dolor, ojalá dentro de poco la luna deje de escuchar el sonido de los huesos corrompiéndose. Y quién sabe. Quizá un día la mire y no vea más que vida en sus ojos. Quizá un día me mire al espejo y no vea dolor en mis ojos. Y, a lo mejor, un día de estos, me atrevo a guiar mi mirada más arriba de donde las personas suelen tener la barbilla. Quiero decir, mirar a los ojos. A lo mejor un día de estos agarro valor y re-aprendo a mirar a los ojos.

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