viernes, 9 de octubre de 2015

Námaste

El día detonaba nostalgia, primero se presentaba con olor a rosas procedentes de la naciente primavera para engañarnos, como lo suelen hacer todos. Salí sin paraguas para volver empapada.

Dormí porque lo único que quería hacer era dormir y sacarme el mal humor que me dejo esa falacia de sol y olor a rosas. Me levante, sin despertador en el momento justo, me mime mientras observaba la lluvia cesante. Volví a salir, necesitaba salir porque así lo sentía; es que ese día tenía mas colores que el matiz de grises que reflejaba y no me equivocaba.

Algo novelesco fue el recorrer de las calles con una amiga y sin hablar, solo caminar porque así lo ameritaba; mucha observación y nada de charlas largas solo cortos comentarios.

Desmenuzamos la ciudad de punta en punta, descubriendo lugares nunca antes pisados por mis pies, conduciéndonos solo por inercia para toparnos con lugares recónditos. Entramos a una librería por Junín donde todo era gris como el día, bastante tétrico de fachada y con poca iluminación en su interior, adentramos a ese lugar llamativo para ambas. En su interior sonó una campanita al abrir la puerta y del fondo del lugar salió un hombre de unos 50 y tantos, con aspecto de sabio, pelos y barba blanca con anteojos. Conversamos horas y horas mientras revolvíamos pilas de libros viejos, nuevos y sobre todo, con precios increíbles! Nos conto sobre cada libro que íbamos eligiendo, a medida de que nos iba recomendado libros que ni siquiera llego a recordarlos todos. Mi atención se centro en un libro impreso en 1955, es de Kafka y me encanta pensar quien fue la primera persona que la tuvo, cuantas personas leyeron ese libro y por qué motivo llego hacia mí. Tiene 60 años de antigüedad y sin importar las idas/vueltas del mismo está intacto.

A ese hombre no le importaba el valor económico de esos libros, para él había algo más allá de la plata, de lo comercial y de todas esas tonterías. A ese hombre solo le importaba que la gente descubra esos libros, me fascino encontrarlo, conocer una persona así. Al retirarnos del lugar quedamos invitadas a revolver el local las veces que queramos, a intercambiar libros o simplemente ir a conversar con una persona culta y sin dudas volveré todas las veces que pueda.

Continuamos nuestro recorrido, caminando cuadras y cuadras en busca de cosas mágicas y llegando a Mendoza encontramos lugares culturales, lleno de murales con una energía que contrastaba con todo ese día gris envolvente.

Buscábamos un lugar cálido por el frio y lo cansada que estábamos y así encontramos Capitulo Uno: una casa antigua donde al cruzar la puerta nos encontramos con dos puertas más, la primera conducía a una librería y la segunda a la cafetería. Nosotras paradas en el medio de ese envolvente olor a café y libros, enfrente un menú amplio de cosas apetecibles y una vista hacia un patio interno donde observábamos la lluvia caer, mojando todo. A pesar de todo esto, decidimos seguir, por falta de plata como se acostumbra a vivir un estudiante pero me encanto estar rodeada de libros, café y días grises.

Corrientes termino siendo lindo, sus gusanos y malas hierbas flotan en la superficie pero al sacar las capas grotescas, poco estéticas y de aspecto rancio, encontrás pureza.

Y es así como una vez más la vida me sorprende, empezó feo, empezó rápido y termino dándome lecciones importantes que sin ellas hoy no valoraría las cosas como las valoro y no sería lo que soy hoy. Simplemente GRACIAS.

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