Lo feo de llegar a los 22 años es estar en el limbo: seguir siendo una pendeja de mierda o convertirme en adulta responsable. Todavía quiero tener las mínimas (y aunque los adultos no lo crean, estresantes) preocupaciones de una estudiante cualquiera que está siendo casi sofocada y arrastrada al futuro. Tengo mucho que hacer y descubrir.
Con 17/18 años elegí algo que pensé que me apasionaba, hoy en día me doy cuenta que eso no es pasión, me puede gustar, parecer fácil y hasta resultar, pero ¿pasión? Pasión no es eso.
Lo que quería a esa edad eran cosas completamente distintas, por ej. me encantaba la idea de estar aislada en un mundo donde solo pasan los que pueden y tienen; hoy en día lo que quiero termino mutando, incluso me desespera saber que no me puedo llegar a involucrar con sectores vulnerables. Entonces ¿esto es crecer? ¿darse cuenta que no sos la misma persona? ¿madure?
Todavía me quedan miles de lugares por recorrer con nada más y nada menos que mi alma, una carpa y una mochila, todavía me falta tiempo para conocerme a mi misma, para desafiarme, saber los límites y sin embargo el mundo adulto me recibe con preguntas como ¿que vas hacer cuando te recibas? Mi yo adulto pensando ¿donde voy a vivir cuando me reciba? Todavía es muy pronto para pensar en el futuro, todavía no quiero ser adulta. Para todo hay tiempo dicen, para mi falta tiempo, mientras tanto yo voy tratando de ser mi mejor versión, no me apures, no se a donde voy como tampoco sé de dónde vine.
No hay comentarios:
Publicar un comentario