sábado, 17 de junio de 2017

Fumándome el último cigarrillo, después de tres copas de vino blanco y unos 5 capítulos de sex and the city, me doy cuenta que el vino hubiera sido mejor si fuera compartido, que la serie no hubiese hecho falta y el último cigarrillo no hubiese sido el último si aparecieras con un atado y forros en el bolsillo.
La felicidad es felicidad si es compartida, era la moraleja de una clásica película. Y no es la soledad lo que me pesa, me pesa estás desesperadas ganas que te tengo y el saber que estás acá cerquita y no soy yo con quién preferís concluir tu noche.
Tengo la mitad del vino blanco en la heladera, todavía hay tiempo de arrepentirse.

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